Pakapaka cumple 10

17.09.2020

Pakapaka, el canal infantil argentino, cumple 10 años y América Latina lo festeja.

¡Pakapaka cumple 10!

Pakapaka es el primer canal educativo infantil público que tuvo y tiene la Argentina.
Llegó el 17 de septiembre de 2010. Cumple 10 años.
Tardó en configurarse un sueño. Pero sucedió.

En toda reunión de trabajo para pensar proyectos hay hojas, anotaciones. Al comienzo –algo vimos, algo participamos y mucho nos lo han contado- cuando Pakapaka era pensamiento y trazos, cuando aún no era siquiera un nombre, hubo encuentros en los que aparecía como idea de canal para las infancias la fuerza de lo curricular, apuntes en los que se diseñaba un proyecto que se inscribía en saberes, conocimientos y enseñanzas escolares. Eran primeros chispazos en donde convenía esa solidez para pararse y andar. El canal tenía que estar cerca de la escuela, sobre todo si se tenía en cuenta que lo motorizaba el Ministerio de Educación argentino.
Esa afirmación era válida.

Pero no era posible imaginar la televisión infantil así.
Entonces hubo tachaduras, hojas rotas y hojas nuevas.

Allí estaban, junto a Tristán Bauer, Cielo Salviolo, Verónica Fiorito, Mariana Loterzpil y Jésica Tritten, entre tantas y tantos que se obstinaron con la maravilla. Y se comenzó a pensar de otro modo una pantalla para las niñas y los niños: debía soñarse una televisión poética, con dimensiones de otro orden, con lo fantástico y lo monstruoso, lo cotidiano y lo inventivo, lo onírico y lo absurdo, lo propio y lo regional, lo musical y lo histórico, lo vincular y lo político (derechos). Una televisión en donde se reunieran el reconocimiento, el aprendizaje y el entretenimiento.

Se produjo, entonces, otro gesto lúcido en la saga de las compañeras brillantes que habitaban aquel momento y aquella construcción: hubo en esos nuevos trazos que pensaban la televisión pública infantil un movimiento que desestimó la presencia literal de lo curricular.

Y la escuela se elevó.
La escuela fue parte de Pakapaka desde el comienzo, pero habitó el canal de otro modo: en una propuesta para el pensamiento y el entretenimiento que cobija, acompaña, provoca, cuestiona y ayuda a inventar. Pero sobre todo, en una propuesta que construye y afianza lo común. La escuela apareció en Pakapaka como una geografía misteriosa que aglutina y convoca barrios, familias y culturas. Reconocimientos. Los otros, al lado. Enmadejados, amuchados, compartiendo historias, escondites, rincones, paisajes y saberes.

Todo fue afirmado sobre una idea de infancia como enigma, una posición que conviene tener presente y que nunca debe clausurarse. Cada niña, cada niño, al nacer representa la posibilidad de la continuidad y/o la discontinuidad de la humanidad. Allí está su atrevimiento, sus potencialidades, su azar, su compromiso y riesgo. Pueden subvertir el orden establecido. Afortunadamente los niños y las niñas son el enigma de la humanidad. Sin ese enigma nos quedaríamos sin futuro.

Pakapaka y sus hechos televisivos y callejeros nutren esa idea. La apertura constante a lo que vendrá, la no determinación, a priori, del futuro. Pakapaka ronda –en términos pedagógicos- algo de la skholè griega, un tiempo libre, un tiempo suspendido, un tiempo que se profana, donde se pone el mantel y sobre él, para las niñeces, el mundo y los mundos para ser inventados.

La voz pakapaka en idioma quechua significa «escondite» o «juego de niños», referido al juego de escondidas. Pakapaka incluye la penumbra de la infancia. El derecho a los claroscuros.

El mercado no acepta escondites.

Pakapaka cuestiona e interpela su hegemonía.

Las infancias están saturadas: el mercado tiene un conjunto de estrategias desplegadas para la movilización de la industria de los consumos infantiles. Encandila con el juguete imposible (porque para muchos lo es) y convoca a consumos o umbrales de consumos estereotipados. En Pakapaka no hay un solo gesto publicitario. Aloja a las infancias desde un lugar no retórico, de respeto por sus derechos, al buen trato y al cuidado.
En Pakapaka, para todos, todo.

No hay inscripciones del mercado y la industria globales. Sí puede haber aprendizajes, marcas rítmicas, trasvasamientos de experiencias audiovisuales exitosas del mundo para producir narrativas locales, propias, íntimas.

Pakapaka abre y expande la industria local para una cuidada y comprometida producción televisiva infantil. Lo hace de un modo federal. No son las cámaras y las narrativas de Buenos Aires las que habitan la grilla. A la vez, comienza a dialogar con las producciones de América latina. En estos 10 años empieza a mostrarse la huella de una región que levanta la voz. Aparecen –cuenta la investigadora Tamara Smerling, en relación al branding- “las texturas, los dialectos, los colores y los matices de toda la Argentina, como si el universo de América Latina se hubiera nutrido siempre del collage para hablar de la mixtura de su gente, la superposición de elementos, una cercanía con la idiosincrasia local, alejada de lo ordenado, lo pulcro o lo prolijo de las televisoras europeas”.

Pakapaka asume que también está en exteriores, en el afuera. Trabaja en la reivindicación del espacio público. Las chicas y los chicos están en la tele y en las calles y en los parques y en las ferias y en las exposiciones y en los conciertos y en los museos y en los patios y en las veredas.
Pakapaka ha producido festivales y encuentros multitudinarios como parte de un engranaje de ponderación de lo colectivo. Eso que perfora su pantalla se consolida en el abrazo con un afuera comunitario.

Pakapaka es televisión pública. En lo público todos, en algún momento, nos tenemos que sentir reconocidos. Dice su directora, Cielo Salviolo: “Entendimos siempre que las chicas y chicos son titulares de derechos, esto incluye derecho a educarse, a tener una salud y una vivienda dignas, y a acceder a contenidos de calidad que acompañen su crecimiento, que promuevan preguntas y una mirada crítica. Tener derecho a sentir representadas todas sus diversidades en la pantalla. Tener el derecho a expresarse y opinar, y sentir que eso es tenido en cuenta.”



Entonces Pakapaka es la democracia.

Es una de sus consumaciones.

Es uno de sus triunfos, en el marco de una política que quiso y supo producirlo.

Pakapaka es democracia porque es reparto.

La televisión pública para la infancia argentina ofrece el reparto de lo diverso y de lo hermoso, de preguntas y de puertos a la curiosidad, de una multitud de rostros que tienen la virtud de ser variopintos y a la vez propios. Eso es encontrarse en una comunidad.

Pakapaka busca verificar la igualdad.
Es la tarea de las tareas.

¿Cómo hacer en sociedades desiguales en donde la presencia neoliberal ha dejado y deja marcas durísimas en relación a la niñez?

Pakapaka arropa simbólicamente a los niños y niñas desde un discurso igualitario. Lo tensiona con una paleta de colores, con voces, con nombres, con formación, con memoria, con preguntas, con ternura, con cuidados. Sostiene la práctica de lo “en común”, retoma la vivencia igualitaria de la experiencia escolar y afianza diálogos con el mundo que no convidan otros espacios.

En Pakapaka, trayendo pensamientos de Myriam Southwell, se juega la enseñanza de la reciprocidad y la mutua implicancia de nuestros actos para mejor vivencia de lo humano.

Pero, ¡ay de estos tiempos! Tan extraños, tan sorpresivos, tan complejos, tan inquietantes, tan atemorizantes, tan dolorosos.

Entonces tocó sacar una nueva hoja y tomar nuevos apuntes. Urgentes. Apuntes que duraron poco en la hoja porque había que accionar una pantalla en tiempos de pandemia. Apareció la complejidad de comunicar la emergencia sanitaria para niñas y niños.
El 20 de marzo de 2020, a sólo una semana de la suspensión de clases, Pakapaka generaba materiales con la premisa de ayudar a niñas y niños a procesar los miedos, las dudas y las incertidumbres. El canal se puso a trabajar para que se pudieran hacer preguntas, para que accedieran a información relevante, pertinente y apropiada a sus miradas sobre lo que está sucediendo. También se generaron propuestas sobre lo que podían hacer en casa para seguir aprendiendo: propuestas con la tele apagada.
Eso también es Pakapaka.

Y allí están, maestras, maestros, niñas, niños, hilvanados y tramados entre poesía, arte, ocurrencias, preguntas, terrores, leyendas, ganas de mostrar, ganas de contar, fantasmas, manos y jabones, pizarrones, héroes y heroínas, colores, guardapolvos, pueblos, risas, bichos, viajes, historias, cuentos, cuentas, hogares, músicas, creencias, carencias, amores, experimentos, dibujos y ventanas.

Pakapaka trabaja –dijimos- en reponer el sentido de lo colectivo y lo comunitario. Hoy, en jornadas donde hay temor y distancias, Pakapaka acompaña y produce el andamiaje escolar para que los niños estudien y se vinculen con esos saberes y con todo lo bello que el canal ha sabido producir. Para algunos niños es la única oportunidad. Lo único posible.

Existen familias que, en épocas de pandemia, han contratado para sus niños y niñas a maestros particulares en línea. Y tutores para el divertimento exclusivo. Pero no todas las familias tienen computadoras, conectividad, dinero y tiempos. Sí, quizá la mayoría, televisión. Entonces Pakapaka volvió al reparto democrático. Se paró allí para intentar, otra vez, distribuir saberes, experiencias, entusiasmos de la invención y las ganas de andar deseantes y soñantes en épocas de incertidumbre y angustias en las que a veces los adultos clausuramos horizontes.

Pero por suerte Pakapaka es Pakapaka y está allí, sabiendo que las niñas y los niños nunca clausuran ni cierran nada.

Pero ojo: Pakapaka es Pakapaka, pero hubo tiempos en los que no lo fue.
En estos 10 años el canal (atendiendo que cuatro de ellos fueron para desmoronarlo, entre despidos masivos y desfinanciamiento) pudo sostener, inscribir sus personajes, mantenerlos vivos, latiendo en las memorias infantiles.

Dice Cielo: “Aun cuando estos últimos años le quitaron todo, presupuesto, personal y posibilidades de producción, Pakapaka sobrevivió. Porque se instaló en la memoria colectiva como referencia de infancia y de televisión de calidad”.

Acompañar estos 10 años nos produce una mixtura de orgullo y emoción para quienes trabajamos en la comunicación, en la docencia, en la pedagogía o en la función pública. Es un orgullo y una emoción a sabiendas de que Pakapaka se puede hacer buenas preguntas, nuevas preguntas, sobre todo en relación a aquello que uno siempre tiene en deuda.

Pakapaka parece un canal pero es un notable hecho cultural y político. Una urdimbre voladora de trabajadores y trabajadoras que se forman, que se esfuerzan, que se comprometen y que no dimiten en el pensamiento y en la construcción dinámica y constante del algoritmo difícil que implica comunicar desde un canal público infantil.
Pakapaka cumple 10 años.

Nos sumamos al coro y al festejo que TAL armoniza para cantar en medio del revuelto de voces de todos colores.

Es que TAL construye coros en la diversidad.

Cada país canta a su modo el “Feliz cumpleaños”. En algunos desean todo lo bueno hasta el año tres mil. Otros, hasta el año diez mil. Algunos desean “muitos anos de vida”; otros, felicidad. Ni más, ni menos.

Brindamos diciendo que Pakapaka produce felicidad en las niñeces argentinas. Nítida y mucha.

Todo hecho poético es –finalmente- un hecho feliz.

Pakapaka produce felicidad porque hace poesía, porque propone jugar, porque cuenta buenas historias, porque abre umbrales de la curiosidad, porque va más allá y porque empodera: Pakapaka trabaja para que las niñas y niños puedan reconocer sus derechos y apropiarse de ellos.

Produce felicidad porque aloja a las niñas y a los niños que, cuando ríen, son más niños y más niñas.

Pakapaka produce esa felicidad extraordinaria que nos hace humanos entusiastas por lo humano.

¡Muy feliz cumpleaños, Pakapaka!



Patricia Redondo.
Doctora en Ciencias de la Educación, pedagoga, profesora, investigadora.
Asesora pedagógica en Pakapaka 2009-2015.
Actual Titular de la Dirección Provincial de Educación Inicial (Buenos Aires).

Nicolás Tolcachier
Guionista, productor y realizador.
Especialista en Comunicación.

Red TAL - Unión de los canales públicos y culturales de América Latina